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Una Historia de Amor en la Prehistoria

Los perros y la gente, la gente y los perros: es una historiam de amor tan antigua que nadie sabe cómo empezó. Los seres humanos que participaron en las primeras relaciones domésticas [con perros], hace miles de años, ya murieron dice el zooarqueólogo Darcy F. Morey con refrescante candor. No nos pueden decir qué pasaba por sus mentes o qué querían lograr. Y ya que no hay nada escrito al respecto, no nos queda más que especular, como lo hiciera en 1912 el escritor inglés Rudyard Kipling, cuando nos ofreció esta teoría en Just So Stories (Precisamente así):

Entonces la Mujer tomó un hueso de carnero asado y se lo lanzó a Perro Salvaje, y dijo: Cosa Salvaje del Bosque Salvaje, prueba esto. Perro Salvaje royó el hueso y era más sabroso que nada de lo que hubiera probado, y dijo: Oh, Enemigo mío y Esposa de Enemigo mío, dame otro.

La Mujer dijo: Cosa Salvaje del Bosque Salvaje, ayuda a mi Hombre a cazar de día y cuida la Cueva de noche, y te daré cuantos huesos asados necesites.

Esa escena (sin el perro parlante, por supuesto, que ni en la actualidad existe) hubiera sucedido hace unos 14 mil años si seguimos la pista arqueológica hasta el origen de los perros, y mucho más atrás si preferimos las pruebas de ADN que sugieren que los perros existían mucho antes que los primeros rastros de sus huesos. De cualquier manera, hay algo claro: los perros no sólo son nuestros mejores amigos del mundo animal, como dice el dicho, sino quizás sean los más antiguos. Evolucionaron de los lobos hace mucho tiempo, encontraron un hogar junto a los humanos antes de que la historia lo registrara, y nunca se fueron

 

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